Mito corto del huracán imparable

Mito corto del huracán imparable

Los mitos cortos que provienen de sucesos accionados por desastres naturales, son cosa de todos los días. Sin embargo, es en el momento en el que verdaderamente te encuentras frente a la muerte cuando de verdad sientes que los escalofríos recorren tu cuerpo.

Así me pasó poco después de que me fui a vivir a la costa. Los médicos me habían recomendado que para restablecerme más pronto de una lesión, tenía que dejar el clima frío de mi ciudad y mudarme a la playa, pues las altas temperaturas ayudarían a que mis huesos sanarán más rápido.

Por fortuna, pude comunicarme con algunos de mis amigos quienes me consiguieron un trabajo estable en una zona del país que estaba rodeada por palmeras. Ellos me advirtieron que debía estar atento a los noticieros locales, ya que de un momento a otro podría aparecer un huracán, una tormenta tropical o en un caso extremo hasta un tsunami.

Siempre que llegaba a la oficina, dejaba encendido el radio en una estación del gobierno, pues en esa emisora tenían la costumbre de interrumpir la programación habitual si algo extraño llegaba a suceder en el medio ambiente de la región.

De repente empecé a escuchar una voz de alerta que decía que todos debíamos resguardarnos en nuestras casas, pues un fortísimo tornado llegaría a la ciudad en las próximas horas.

Seguí las indicaciones y me refugié en el sótano. Aquel sitio tenía una pequeña ventana de vidrio reforzado, por la cual se podía ver el exterior, literalmente a ras del suelo. La tormenta fue devastadora, los tejados y automóviles volaban por todos lados.

No obstante, nadie me hubiera preparado para lo que observé después. Era una madre y su hijo a quien llevaba en sus brazos, tratando de protegerlo de las inclemencias del clima.

De pronto una ráfaga de viento los atrapó lanzándolos por los aires a varios metros de distancia. Ambos cuerpos impactaron de lleno contra unos cables de luz, causando un corto circuito y una terrible descarga eléctrica, misma que les arrebató la vida.

Jamás pienso volver a aquel aterrador lugar. Aunque lo cierto es que no necesito ir para recordar cada noche lo que viví.